10/11/2014
Punto de Vista

Democracia y Sistema Electoral (1ºParte)



Poco más de treinta años de ejercicio democrático han sido suficientes para hacernos comprender que la Democracia es, al menos desde el marco aspiracional, mucho más que el hecho de emitir el voto con cierta regularidad. Entendemos que el derecho de elegir y ser elegidos es el punto de partida de la democracia representativa que emerge de nuestro ordenamiento jurídico, pero hemos aprendido, especialmente desde 2003, que la existencia de los poderes facticos demanda la construcción cotidiana de nuevas formas de democracia participativa, de compromisos colectivos, de militancia permanente, para enfrentar a quienes consideran que la política, consustancial por otra parte con el sistema democrático , sólo sirve para facilitar sus negocios.


El poder económico, que considera incluso al cargo de Presidente de la República un cargo menor, se ocupa permanentemente de desprestigiar a la política y todo lo que la rodea. Deteriora a la larga el valor del sufragio, herramienta igualadora que el Pueblo tiene en sus manos para disparar en defensa propia, para gritar en silencio, para demandar lo que entiende que le corresponde. Resulta casi incomprensible entonces cuando desde sectores de la propia política se disponen artilugios electorales que deterioran la representatividad y aún más grave, distorsionan la voluntad del ciudadano y acentúan la crisis existencial de los Partidos Políticos, cuya centralidad en la calidad de la democracia ha sido reconocida con jerarquía constitucional.
Nuestra Provincia, que fuera el conejillo de indias de todos los experimentos neoliberales pergeñados en la década del 90 del siglo pasado en La Argentina, también fue el escenario de la denominada Ley de Lemas, subterfugio usado para dar un nombre a la perversa implementación del voto indirecto y una forma más de fraude electoral.

En aquellos años iníciales del proceso político que en nombre del Peronismo destruyo al Estado, la ley de lemas tuvo como justificativo, como casi todo en aquella época, la histórica oportunidad de tener un riojano en la más alta magistratura de la nación. La consecuencia, el inicio de un largo periodo, que todavía perdura, caracterizado por la crisis de representatividad de la dirigencia y por la conspiración permanente. Aquellos eran los tiempos en que todos peleaban por ser " los hombres de Menem". Ahora, como si nada hubiese pasado en la Argentina y en el mundo, la cultura del feudo presenta la disputa descarada entre los funcionarios del gobierno por una cucarda de cuestionable prestigio: Ser el "hombre o la mujer de Beder" parece ser ahora la consigna de una concepción del poder que nos ofrece a los riojanos repetir la experiencia del gobernador títere, o de transición como dijera el propio gobernador. En otras palabras, convocar a los riojanos a cumplir el rito de votar, pero donde más allá de la voluntad popular, el poder siga en las manos de quien sentado en la caja del Estado, esta convencido que la provincia se ha incorporado a su patrimonio personal y con carácter vitalicio.

En nuestra opinión, y sin perjuicio de otras consideraciones importantes sobre el sistema de representación, es necesario implementar en esta coyuntura electoral un sistema que se asiente en cuatro aspectos centrales que ampliaremos oportunamente: 1) Previsibilidad 2) Internas abiertas, obligatorias y simultáneas en los Partidos. 3) Financiamiento público de las campañas y 4) Acceso igualitario a los medios de comunicación.
Los mencionados no son excluyentes de otros aspectos que puedan mejorar la calidad de nuestro sistema electoral, sobre la base de la voluntad popular expresada sin dispositivos distorsivos o fraudulentos.

 
 
 
 
WABES